El paisaje de la ciudadanía. Políticas de infancia

¿Qué es una Política Pública para la infancia? Es la primera cuestión que nos interroga. Tal vez, antes de avanzar, deberíamos rehacer la propia pregunta, pluralizando: ¿qué son las Políticas Públicas para las infancias?
Una Política Pública es un impulso colectivo y transformador con perspectiva estratégica, una energía regulada y sistematizada que hace frente a una necesidad, interpreta un imaginario social, construye sentido en la fragmentación, moviliza la acción en la abulia y teje su red infinita de futuro en el presente del territorio. Tiene algo de solemne cuando relaciona y re-liga un pulverizado sentido de conjunto, convirtiéndose en misteriosa construcción como “artefacto” de cambio.
Si la política es el “arte de vivir juntos los unos con los otros”, según Hanna Arendt, o por lo menos, la capacidad de convocar lo colectivo, estamos parados exactamente en el punto en que el convivir es la estrategia mayor, en la era del vacío de sentido, la crisis extenuante de la representación política, el individualismo y la exclusión.
Poner en escena a la sociedad civil, es en realidad, la única manera de practicar el “arte de vivir juntos”. Y, para decirlo como se merece la metáfora teatral, se trata de cuerpos de todas las edades que, en un tiempo y un espacio, con cierta cantidad de energía, intentan construir un relato, una ficción, protagonizar (es decir ser “alguien”, a cambio de “nadie”) su historia… la historia del “nosotros”.
Se advierte de inmediato que están en juego el concepto de pertenencia, identidad y trascendencia. Cuando la gente actúa sus acciones, se suele llamar participación, consenso, se pone en evidencia la multiplicidad y complejidad de la trama social, la belleza de la diferencia.
Cuando los ciudadanos protagonizan, el espacio público se convierte en dispositivo de uso y sentido, puede mostrar su condición de territorio de nuestra movilidad urbana, aprendizajes y vivencias; patrimonio físico, imaginario y simbólico que heredamos y acrecentamos; memoria de nuestro cuerpo (desplazamiento de la historia a las cosas), modos y vínculos movilizados (llamados “técnicamente servicios”); reglas del juego o normativas, que favorecen el concierto de voluntades o el desconcierto que acompaña a la burocracia y empequeñece la vida social. Es el antiguo “bien común” del siglo XII convertido en plano y damero, que habla y grita, expone sin tapujos la exclusión, dialoga con el río y hasta repara en la existencia de los chicos.
El espacio de todos, es el lugar donde “aparecer” ante los otros, con un cuerpo, una dignidad, una historia; donde el relato insiste en igualar oportunidades, no excluir, creando alternativas al modelo neoliberal.
Una manera de decirlo es hablar de derechos (las constituciones modernas jamás desligan a los derechos, de las obligaciones y sobre todo de las libertades). Es tan enorme la carencia, que hablar de derechos, nos hace olvidar a veces la categoría misma de la libertad. Más aún, por momentos los gobiernos pueden desconocer que una sociedad de ciudadanos, no aspira sólo a un ejercicio pleno de derechos, sino que pide mucho más: una ética de la felicidad “para vivir juntos los unos con los otros”.
Y aquí aparecen los niños y las niñas como síntesis e “indicadores ambientales”, como pregunta abierta y desafío. Porque todo lo dicho nos llevaría a pensar que las Políticas de Infancia son la metáfora del Plan Estratégico de una sociedad y su Gobierno, son el relato y las líneas de giro transformador que habilitan la imaginación y la creatividad.
Dicho en forma muy concreta:

1- Lo que pensemos para los chicos, habla de quienes somos y lo que esperamos de nosotros como sociedad.

2- Las Políticas Públicas de las Infancias ponen de manifiesto en cada programa, cual es su postura frente a los derechos y libertades, cual es su visión del mundo y del porvenir. Los programas destinados a los chicos, pueden convertirnos en protectores de derechos que olvidan la libertad de crecer, cuando no, en asistentes de necesidades en desmedro de toda autonomía.

En el concepto de desarrollo integral está la pretensión de que el niño, crezca autónomo, con movilidad urbana y social. Un verdadero conflicto cuando grandes sectores de la sociedad piden más policía, más penas y más seguridad, cuando el Mercado pide más consumidores, y las voces “claman” por los chicos de la calle (algunos con buena voluntad, otros con responsabilidad, bastantes otros con sensacionalismo y no menos con molestia). Este es el verdadero desafío cuando una gestión busca plasmar en sus Políticas Públicas de Infancia el desarrollo integral de los chicos, recordando que los derechos son un piso de garantía pero los ciudadanos buscamos la felicidad.

3- El gobierno Municipal y Provincial enfrentan ante el problema expuesto varias paradojas:

a) La primera es la perspectiva de focalización o extensión de las Políticas de derechos vinculadas con la infancia. El planteo sería así: ¿cómo garantizar el derecho a la salud, educación, la pertenencia cultural, con políticas de sector?. En el caso de la infancia es imposible dirigirse a los niños sin dedicarse a la familia, la escuela, el barrio, el club… Es decir, un desarrollo integral del chico, sólo se piensa como razonable en el marco de una política también integral para los grupos sociales. Esto aparece como el mayor logro de enfoque transformador de los Trípticos de la Infancia y de la Imaginación, el sistema Aleros y el Plan Abre, entre muchos otros programas.

b) Los programas integrales suponen, a mi entender, el más difícil emprendimiento de una gestión: superar la fragmentación del propio Estado, creando políticas sistematizadoras y articuladas, concebidas con planificación territorial, no solo diseñadas por Desarrollo Social, Salud, Cultura y Educación, sino encontrando el enfoque social en las áreas concebidas en el pasado como de mayor carga técnica (Servicios Públicos, Planeamiento, Obras Públicas, etc.) Todo cambia de lugar en una Política integral. El “para chicos” no desaparece, pero hace que “con los chicos para todos” se convierta en cuestión principal. Lo social se logra con múltiples intervenciones y con protagonismo asociativo, redes, co-gestión. Desarrollo cambia su concepción por participación y derechos, Salud por calidad de vida y Cultura por dispositivo de sentido (imaginario social, comunicación, identidad). La ciudad se piensa para todos, desde los que se incorporan, con ellos. La obra pública se pregunta por su razón de ser… entonces, une barrios, hace tajos en el paisaje urbano y genera grandes espacios de convivencia. La ciudad quiere ser recorrida, embellecida, apropiada por sus habitantes, fantaseada, integrada, pública y secreta…

c) La tercera paradoja es la confusa situación que viven los niños relacionada con su autonomía. En este punto está en juego el propio concepto de la ciudadanía. Nadie le negaría a los chicos su calidad de ciudadanos para ser protegidos en sus derechos, pero su condición de partícipes del gobierno del conjunto, se vive en el mundo adulto (padres, educadores, gobierno) con una sonrisa permisiva. O se piensa el dispositivo como educación democrática, como experiencia aislada, votación voluntaria paralela a la decisiva, cuando no como simulacro del mundo adulto. Algo así como ofrecer a los niños un aprendizaje de participación al modo de Cuerpos Colegiados que no están hoy prestigiados, imponiéndoles una “representación” que no sólo está en crisis, sino no es propicia para la edad. Dicho de otro modo: repetir uno de los aspectos más cuestionados del modelo democrático.

d) Pero ¿cómo desarrollar una política integral “con los chicos para todos”, sin el auténtico aporte de la infancia?
La gestión del Municipio de Rosario encuentra la respuesta en el Proyecto “La Ciudad de los Niños” de Francesco Tonucci y promueve la creación de Consejos de niñas y niños (agrupaciones de chicos elegidos por sus pares que aconsejan, fabrican ideas, organizan sucesos sociales y no repiten las tradicionales metodologías de los cuerpos deliberativos adultos).
Los Consejos de Niños han propuesto y realizado con los adultos muchas campañas pero ninguna marcó más la gestión en su Política y su Poética que la apertura al juego que ellos desataron con su iniciativa de declaración del “Día del Juego y la Convivencia”.

e) Es precisamente este momento de la historia en el que hay que detenerse para dejar expresada otra dificultad que tiene la Política al integrar niños. Se trata del “modo de ser y de estar en el mundo” que tiene la infancia, poniendo en crisis varios aspectos de la Gestión Pública, tanto en sus metodologías como en su forma de acción, dado que el juego, la imaginación, las preguntas, la investigación y exploración de lo real, no han sido frecuentemente consideradas como importantes por la Política como problemática para su propia construcción.
Sin embargo nada más imaginativo que el arte de vivir juntos o creativo la manera de integrar y si es hora de jugar en serio (o jugarse como compromiso) es hora también de reconocerle al juego su capacidad transformadora. Es más, su condición de ser en sí mismo el dispositivo transformador. Esto implica no reducir al juego a la interacción dificultosa de los poderes del estado, o a las estrategias de negociación donde anida la corrupción.
El juego es una de las formas de participación más poderosa y eficaz (los chicos lo saben porque es el modo en que conocen el mundo, y nosotros lo sabemos porque la historia nos lo dice, pero lo olvidamos rápidamente). Aunque una lógica repetitiva no permite visualizar la creación cotidiana, Jugar en el amplio y total sentido de la palabra es disponer los términos de otro modo, innovar, simbolizar, disfrutar…
Jugar y convivir son la democracia en verbo.

Las gestiones municipal y provincial descubren en este enfoque una muestra de la utopía posible, una manera extraordinaria de apropiación del espacio público por los ciudadanos, una forma de creación colectiva, y encaran una compleja transformación de las políticas sociales y culturales, haciendo del territorio un enorme espacio público, y trabajando a través del Gabinete Social integrado un verdadero desarrollo humano. Se trata de una creación de gestión política innovadora en la cual los derechos se convierten en vida, saltos, abrazos, protección, emancipación, convivencia y lucha.
En este marco surgen el Tríptico de la Infancia de Rosario y el Tríptico de la Imaginación de Santa Fe, entre muchos otros programas, como paradigma de una apuesta a la integración inter-generacional, inter-social, imaginativa y creadora de otra mirada educativa posible.
Los espacios que integran los Trípticos tratan de “poner en volumen” ciertos conceptos: juego y convivencia, identidad y memoria, relaciones cultura-naturaleza, arte, ciencia y tecnología, construcción y pensamiento, integración generacional múltiple y social y sobre todo la pluralidad de la ética de la felicidad. Viven en ellos grandes metáforas de lo humano: la vida como viaje, la innovación como faro, la subjetividad como belleza y la colectividad como usina, el cuerpo en juego en su totalidad holística de imágenes, percepciones, sensaciones, afectos y conceptos, el tiempo como misterio y desafío, el espacio como historia, ficción y relato, la estética como ética, los lugares preparados para sentir y pensar, penumbras sin consumo, educación con disfrute, participación sin límites, accesibilidad total y libertad de circulación.
Lejos de los museos interactivos del siglo XX y cerca de la narrativa de la “escena social”, la cantidad y calidad de la presencia ciudadana en estos espacios, la mirada del visitante, y la continuidad indeclinable de su propuesta provocativa, los coloca en el nuevo desafío de crear “usinas sociales”, “andamiajes de sentido”, en el gran juego de la inclusión social.

Para concluir

No puedo finalizar sin recordar lo que es obvio: tuve el honor de coordinar la construcción de los Trípticos y sus propuestas, con un enorme equipo creativo, según indicaciones, decisión y presupuesto de las gestiones que los crearon y sostienen desde 1995. Es una invención colectiva, un sueño tejido en Políticas Integrales, en el desafío de los derechos humanos y en la conciencia de estar viviendo una etapa de enorme plenitud y de enorme esfuerzo para combatir la exclusión. Las generaciones pasadas están en nuestras lecturas y pensamientos, así como las luchas y luminosos deseos de tantos santafesinos. También están los obstáculos, los que piensan que estética y excelencia son emprendimientos de los países desarrollados y entonces, la sensación cotidiana de insistir, hoy más que nunca, que nos merecemos lo mejor, porque eso es el espacio público, el que nos permite no declinar en la excelencia, ser tenaces, devolverle belleza a la dignidad de las personas y pensamiento a la estupidez, decir que no todo está en venta y nadie está condenado al abandono y la soledad.
Y por fin agradecer a los niños, la generosidad y apertura con las que nos han dejado entrar en su mundo, la alegría que manifiestan en estos nuevos territorios y el modo cómplice y sensato con el que van incluyendo en ellos a sus familias, amigos y educadores.

Chiqui González
En su nombre y en representación de los equipos de los Trípticos
y de todo el Ministerio de Innovación y Cultura del Gobierno de Santa Fe
Octubre de 2018

La aventura de los espacios

Tríptico de la Imaginación (Santa Fe Capital) Tríptico de la Infancia (Rosario)

Los Trípticos nacieron en Rosario y Santa Fe, Argentina, como un desafío. A su vez, se presentaron como oportunidades colmadas de preguntas.

¿Era posible crear espacios públicos, permanentes, destinados al juego y la convivencia, a partir de los chicos, pero en realidad destinado al conjunto de la ciudadanía?

Las preguntas podrían precisarse aún más.

¿Hay una manera de poner en acto, en objeto, forma, color, la “forma de estar en el mundo de un niño” para convertirlo en una nueva puesta en el espacio de la utopía de convivir, donde las grandes metáforas de lo humano se presenten, construyan y de-construyan y donde sea posible ingresar en un mundo intergeneracional y creativo?

¿Sería posible diseñar espacios expositivos de interacción permanente que contribuyan a constituir vínculos entre personas, a dar libertad y dignidad a los ciudadanos, a no imitar en punto alguno las estrategias del Mercado?

¿Sería posible construir ámbitos que sean múltiples y encierren desde su arquitectura una visión estética de mundos extra-cotidianos y a su vez la sensación de contener muchos mundos y climas, uno dentro del otro?

¿Sería, a su vez, posible crear con el paisaje, la arquitectura y la puesta una intervención en el espacio-tiempo para que el tiempo transcurriera de “otro modo”, que los espacios crearan emociones y apropiaciones, la luz y el “derecho a la penumbra” provocaran contrastes, sensaciones de extrañeza, recorridos no lineales, miradas guardadas, percepciones diferentes, colocando, en definitiva, al cuerpo en flor sin divisiones cuerpo–mente?

¿Sería, al fin posible, que el tránsito no fuera lineal y que el viaje y el desvío pudieran ser recuperados en el aprendizaje y el disfrute? ¿Era posible que el Museo-antimuseo se convirtiera en el mítico viaje de vivir, el viaje de aprender a vivir juntos?

Todas las mencionadas, e infinitas preguntas, alientan esta introducción porque son en definitiva las bases, recorridos y metas de los sitios que conforman el Tríptico de la Imaginación y el Tríptico de la Infancia.

Para contar brevemente cual es la aventura de sus espacios, diremos ante todo que los nombres no son felices o al menos no “dicen lo que dicen”. A lo mejor esto es un mérito, dado que nada es sólo lo que se nombra, “es algo más y otra cosa”, como decía la gran poeta argentina Alejandra Pizarnik.

La Granja de la Infancia nació en Rosario, Argentina, en mayo de 1999, un paseo urbano que inauguraba una nueva forma de pensar la ciudad. Luego llegaron El Jardín de los Niños, al parque central de la ciudad y La Isla de los Inventos, a la vieja estación de ferrocarril a la vera del río. En diciembre de 2010, en la ciudad de Santa Fe, El Molino, Fábrica culturalLa Esquina Encendida y La Redonda, Arte y vida cotidiana, festejaban el nacimiento de un nuevo Tríptico.

Estos espacios no se diferencian entre sí por divisiones como medioambiente, cultura, ciencia y construcción. Cada uno de ellos contiene toda esa oferta. Sus campos y desarrollos se podrían sintetizar de la siguiente manera: La Granja es el cuerpo en juego entre naturaleza y cultura. El Jardín convoca el poder de la imaginación para inventar, innovar, crear lo poético. La Isla trabaja con los materiales, lenguajes, medios y soportes haciendo de la construcción una apuesta intergeneracional. La Redonda pone en juego y movimiento la vida cotidiana. El Molino despliega toda una fábrica de diseño y construcción para experimentar con diferentes materialidades. La Esquinaes joven y promueve el encuentro, la creación y la participación colectiva.

Se trata de integrar las dicotomías cuerpo-mente, teoría-práctica, forma-contenido, objeto-sujeto, así como superar la división artes y oficios, ética y estética, mediante los grandes impulsores del hombre y de la vida: el juego y el ritmo, la idea de recorrido, de trayecto, de viaje.

Hay horas en la infancia, en que todo niño es un ser asombroso, el que realiza el asombro de ser. Descubramos así en nosotros una infancia inmóvil, una infancia sin devenir, liberada del engranaje del almanaque.

Gastón Bachelard

Con los niños para todos

Un niño pequeño no percibe la total diferencia entre lo real, lo imaginario y lo simbólico. Una rama puede ser de día, un árbol con nombre científico, por la noche la sombra del temor, y al amanecer, el miedo mismo, “eso otro”.

El niño no ha construido aún el pensamiento lógico formal, ni ha sido enseñado en el causalismo. Por lo cual, nacen en él, adjudicaciones mágicas, lógicas diferentes al silogismo y poéticas que desnudan, a nuestro entender, la lógica de la supuesta lógica.

Un niño no divide cuerpo y mente. Es su cuerpo y lo percibe como otro sólo cuando le duele y tiene hambre. Algo así como diferenciarlo de él sólo cuando hace síntoma.

El niño aprende mediante la acción, el juego y la transformación. Ama y se enamora del mundo de las formas. Le causa emoción lo redondo y el sonido de las palabras. No lo ha alcanzado la separación forma–contenido en la cual el significado parece “tragarse” la ensoñación de la dimensión formal.

El niño vive inmerso en el ritmo de la vida y de las cosas. Pone en ritmo todo el tiempo su propio cuerpo y le asombra el espacio como algo más que los escenarios de su vida. Los “mundos dentro del mundo” que implica el espacio, tan bien presentado en los cuentos infantiles tradicionales, significan el pasaje de una realidad a otra, el ritual de ingreso a lo fantástico, lo mágico, lo distinto. El espacio es metáfora del crecimiento mismo y el encuentro con los otros. Se constituye en ámbito imaginario de aprendizaje e invención.

Desde esta perspectiva, llegamos en nuestra práctica a un concepto revelador: los chicos nos ofrecen ciertas “entradas” a la utopia de lo humano enunciada desde ellos y para todas las edades.

Así nacieron espacios con una fuerte puesta estética, que esconden metáforas y misterios a los cuales el adulto les da un sentido emocionante: una mecedora con una canción de cuna puede sentirse como el origen; el caos contado como explosión de colores y formas puede ser una fiesta y un momento maravilloso para el comienzo del universo; las piedras que tapan palabras censuradas por la dictadura, invitan a liberarlas del peso que las oculta; las fábricas textiles nos ubican en la cultura de la máquina de coser creando el traje de novia o la manta de cama que nos regalaban nuestras madres para enviarnos a crecer; la fábrica de madera, remeda al galponcito del abuelo, donde se creaba un barco en una botella o una torre de fósforos entre la magia de las herramientas y los días de lluvia.

Todo un modelo para la ciudadanía: no se puede construir sin coser retazos de memoria, sin descubrir la belleza de las formas y su capacidad de ser el contenido, sin viajar por la vida juntos para aprender.

Creamos, por eso, artefactos de madera, fábricas, juegos de palabras, donde caben el galpón de las herramientas y el cubismo, la kermesse de los viejos barrios y el grotesco argentino, la abstracción geométrica y la cultura de los trenes, la poesía y la ciencia de la incerteza. Son saberes aprendidos en la acción, con un cuerpo que no se porta, se es, distribuyendo afecto, encontrando soluciones. Diferenciarnos y unirnos, para producir la transmisión de conocimientos y experiencias que a la vez heredamos.

Juego y construcción para saber que somos protagonistas de la Historia y de nuestra historia. Los “nuevos” vienen diciendo en la acción que el mundo se ha detenido y que la belleza no está atravesando el hacer humano.

Por lo dicho, el Tríptico de la Infancia y el Tríptico de la Imaginación se proponen:

  • Integrar al mundo adulto en la narrada utopia de convivir, crear y viajar en el tiempo y el espacio entre generaciones.
  • Luchar contra dicotomías que no favorecen la armonía del cuerpo y las posibilidades de exploración y crecimiento.
  • Una concepción no lineal del tiempo-espacio. La memoria como recuperación subjetiva y colectiva. Lo extracotidiano para denunciar la lógica consumista y mediática de cierta cotidianeidad.
  • Una apuesta por el mundo poético y por las operaciones creativas. Hacer lo pensable y lo impensable. El ejercicio del juego como aprendizaje del movimiento interno de los procesos creativos.
  • Una constante integración de múltiples lenguajes como recarga simbólica en un mundo tendiente a la literalidad, alejando el concepto de lenguaje del arte y lenguajes expresivos, dado que el lenguaje es más abarcador y democrático: son mundos simbólicos, autorregulados en sus elementos significantes, constructores de sentido, que pueden escribirse o graficarse, expresar y comunicar a otros, que intermedian entre nosotros y son imprescindibles a la hora de los saberes. Los lenguajes, medios, diseños y soportes son la forma en que la cultura nos hace seres humanos imaginantes, proyectuales, memoriosos, afectivos, solidarios, únicos. El cuerpo al fin es un lenguaje y es a su vez el dispositivo de cruce y acción de todos los lenguajes.

El verbo ser…, toda la esencia del lenguaje se recoge en esta palabra singular. Sin ella, todo hubiera permanecido silencioso y los hombres, como ciertos animales, habrían podido hacer uso de su voz, pero ninguno de esos gritos lanzados en la espesura, hubieran elaborado jamás la gran cadena del lenguaje…

Michel Foucault

Las narrativas museológicas. El texto dramático.

Debemos comenzar diciendo que nuestros Trípticos combinan origen y reproducción. Somos hijos de la arquitectura y el paisaje, la copia y la deconstrucción. Nuestros espacios no hubieran sido posibles en otro momento histórico.

Los seis lugares están dispuestos como recorridos que contienen un trayecto dentro del otro, como Alicia atravesando espejos, esa multiplicidad invita al viaje con desvíos. Los trayectos tienen apuestas estéticas muy distintas, poniendo en el centro de la acción texturas y lenguajes predominantes. La montaña encantada, por ejemplo, es piedra escrita y vegetación abigarrada, instalación sonora donde los árboles hablan como la memoria, el agua canta dividiendo el tiempo y la piedra indica el destino como en las mitologías conjuntivas. Desde un andén de estación de ferrocarril, lúdico y austero, una puerta nos lleva a una fábrica desordenada y activa. Allí, el papel nace, se imprime, se estampa, se cose y se reúne. Subiendo a la fábrica textil se detiene el tiempo entre el telar y la manta de todos mientras un mundo contiguo de pantallas iluminadas hace que un dibujo se vuelva movimiento.

En ningún caso hay visitas guiadas. Nadie explica el recorrido. Las muestras están escritas, y cada visitante al modo de las kermeses y fiestas populares, se detiene en el puesto que quiere.

Hay narrativas varias para organizar las muestras, pero son secretas. Las conocemos los que creamos los dispositivos lúdicos y diseñamos la puesta y el montaje.

La narrativa de los Trípticos se parece al teatro de objetos: la luz define espacios, la tela separa, los objetos invitan a tomar vida, a indagar e imaginar. Un espacio escenográfico donde los materiales y cosas ponen en protagonista al ciudadano y en dramática su escena.

Los animadores les acercan posibilidades, son sus cómplices, los ayudan a manipular la ilusión y a cuidar la situación creativa. Promueven el encuentro entre la gente y las cosas que empiezan a vibrar. Son acompañantes en la transición de los ritos de pasaje espaciales y vitales.

Todo sucede en lugares donde el tiempo es otro, cada uno se mira en sus pantallas interiores y vive el drama de crear con otros. La belleza asalta el nivel del trabajo.

La narrativa no es un guión con base conceptual, es un texto dramático donde se ponen en fricción y alteridad, búsquedas y materiales, cuerpos y saberes.

Cuidemos lo público, porque para algunos es lo único.

Javier, de 10 años

El desafío de lo público.

Debemos destacar que estos lugares serían imposibles sin enmarcarse en lo público. Integran un conjunto de espacios públicos extendidos en el territorio. Un proyecto pedagógico urbano que tiene la pretensión de completar al sistema educativo formal con un sistema amplio, rico y plural, que sostiene un concepto de medio ambiente como paisaje de ciudadanía.

El espacio público es: territorio de encuentros, cruces, aprendizajes y construcción de vínculos; patrimonio para disfrutar y legar a nuestros hijos; escuela de convivencia y democracia, una política del arte de vivir juntos; memoria del pasado y marca urbana donde está desplazada nuestra cambiante identidad; bien común, espacio de todos, usina de ideas imaginarias y sentido; medio ambiente natural y social; conjunto de servicios y acciones para el fortalecimiento de la sociedad civil.

Por todo esto, los Trípticos garantizan accesibilidad económica, urbana y social, no prevén la venta de productos que alejen a las familias del juego y la creación e implementan un doble sistema de atención a las escuelas y a las familias que crea multiplicidad de relaciones e introduce criterios de igualdad e inclusión social.

La arquitectura, la luz, el color, las texturas, están pensadas desde el cuerpo del ciudadano y dispuestas para propiciar los vínculos interpersonales. Así el descanso, los ritmos, la apropiación del lugar están atravesados por un minucioso estudio tempo-espacial, haciendo de lo poético y de la metáfora una máquina de transformación. El sonido ambiente no indica ni ofrece. Se proyecta el silencio y el propio sonido del estar juntos, jugar y fabricar.

Los paisajes de la ciudadanía nos hacen vislumbrar gente libre, eligiendo recorridos, animadas por la acción y la transformación, en ámbitos multisociales y multiculturales, involucrados en varias estéticas, encontrando sentidos y aprendiendo. Es un paisaje entre nosotros, a partir de la metáfora, la imaginación y la esperanza.

Una manera de poner en escena la utopía de vivir y el viaje pedagógico.

Chiqui González
Ministra de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe
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en su nombre y en representación de las personas que crearon los Trípticos y los sostienen cada día.
Provincia de Santa Fe, República Argentina. Agosto de 2015.

La aventura de los espacios
Chiqui González participó del II Seminario Internacional «Las Artes a la Canasta Familiar» en Bogotá, Colombia el pasado 3 de septiembre con su conferencia “EDUCACIÓN ARTÍSTICA: Modelo para Armar”. Esta actividad que se desarrolló el 2 y 3 de septiembre fue organizada por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, el Instituto Distrital de las Artes, la Orquesta Filarmónica de Bogotá, y los Danzantes Industria Creativa y Cultural.